Los días pasaban rápidos para
cualquiera de los niños. El verano era una época difícil ya que quitarse el
calor era casi imposible. La mayoría de los niños se quitaban la camiseta para
andar más a gusto. Elena no tenía esa posibilidad pero era lo suficientemente
astuta, mojaba un pañuelo con el agua almacenada en los botes y después se lo
ponía en la espalda o en los pies, el único bien tapado era Eduardo, que a la
sombra de los arboles gozaba de una buena sombra y de un poco de viento fresco
de vez en cuando. Si bien todos sufrían el calor apabullante de la época,
ninguno cesó en las actividades diarias para seguir viviendo, ya fuera ir a
pedir limosna o comida o trabajar cargando bolsas o cosas, la imaginación no
les faltaba.
Era cuando veía los esfuerzos de
los demás que Labid se sentía culpable por no exponer el tesoro que había encontrado,
sabía o suponía que valdría algo al empeñar o vender aquella cosa pero cada vez
que la miraba lo hipnotizaba una fuerza desconocida que hacía que no pudiera
hacer nada. Se divertía el solo jugando con aquel artefacto que ni siquiera
sabía usar, dejo de importarle los juegos de los demás niños y hasta dejo de
importarle su hermana. Se pasaba el día acariciando cada uno de los cristales
de las puntas con sus dedos mientras
imaginaba que era un gran soldado espacial o el emperador del universo, el
artefacto parecía darle el poder para imaginar cualquier cosa que quisiera ser
en cualquier tiempo en cualquier universo.
Un día en especial después de
haber terminado el trabajo del la tarde, Labid se dirigió hasta el departamento
lo más rápido que pudo para estar a solas y contemplar su tesoro. Al llegar
sólo el señor gato se encontraba allí. El niño se dirigió al lugar donde
escondía aquel artefacto, lo tomo entre sus manos y a la vista del animal
empezó a tocar los cristales de manera aleatoria hasta que un extraño brillo
salió del centro de aquel extraño talismán. El destello cegó por un momento al
niño y después desapareció. A la casa entro la hermana de Labid acompañada por
Pedro justo en el momento que el aparato había dejado de brillar, sin embargo
ninguno de los dos notó nada, ni el brillo, ni el talismán que tenía en sus
manos el pequeño hermano de Elena lo cual extraño al niño.
Pronto los demás niños llegaron
al departamento en donde se preparaban para cenar cuando en el cielo apareció
un destello similar al que Labid había visto por su cuenta. Los niños pusieron
toda su atención en aquella luz perdida en el cielo mientras caía hasta el
suelo, casi en el mismo punto en el que el artefacto de Labid cayó. La
curiosidad de los niños pudo más y en un momento todos estaban afuera en la
expedición por encontrar la misteriosa “estrella” que había caído. El miedo
mantuvo a todos los niños unidos y en un grupo compacto a medida que avanzaban
por el complejo de departamentos hasta encontrar el sitio del choque de aquel
resplandor. El hoyo era profundo pero no había nada dentro de este, sin embargo
si habían piedras extrañas y negras. Un sonido extraño se escucho al frente del
grupo y todos fueron presas de un miedo que no los dejo moverse hasta que de
las sombras salió un tipo de soldado cristalino antropomórfico con una capa
roja, una espada de hueso y una corona de un metal amarillo muy brillante.
Aquel ser hablo de una manera extraña al grupo al tiempo que extendía su mano
hacia Labid quien en uno de los bolsillos de su pantalón tenía el artefacto que
había encontrado hace pronto. El sujeto se acerco al grupo y los apartó a todos
con una fuerza invisible apenas movió sus manos. Capturó a Labid y comenzó a
buscar en sus pantalones el artefacto mismo que encontró. Lo tomo y apenas lo
hizo dos figuras salieron de las sombras y atacaron al ser de cristal, una de
ellas era un guerrero con forma humana pero con rasgos gatunos muy parecido a
señor gato y el otro era un guerrero también con forma humana pero con rasgos
de reptil.
Apenas se recuperaron de la
primera impresión todos los niños corrieron hacia Labid y lo levantaron para
llevarlo consigo, sin embargo el ser de cristal los alcanzó y les cortó el
paso, con un movimiento tomo el artefacto extraño y con toco los cristales de
una manera sistemática y estos comenzaron a brillar de un color desconocido
para los niños al tiempo que el guerrero serpiente ataco de nuevo al ente de
cristal. El talismán cayó y el guerrero gato apareció.
-Debes tomarlo -le dijo el guerrero
gato a Labid.
El niño hizo caso por mero
reflejo y tomo el talismán en sus manos. Mientas corrían para huir del soldado
de cristal el guerrero gato le ordeno a tocar en un orden sistemático ciertos
cristales luego de lo cual el último era el rojo, mismo que no toco porque fue
interrumpido por el guerrero de cristal quien tenía en su poder a todos los
amigos de Labid.
-Dame la joya y tus amigos
sobrevivirán -dijo con voz metálica el que parecía ser el enemigo.
-No lo hagas aprieta el cristal
rojo y todo terminará, todo estará bien -dijo el guerrero gato.
Labid estaba confundido, decidió
sin embargo tocar el cristal rojo por el consejo del guerrero que hace poco
había salvado su vida y la de sus amigos. A punto de tocar el cristal rojo este
cambio de color cambiando la configuración y el código de manejo por lo que
luego de ser apretado el cristal, miles de luces salieron del centro del
talismán. Los cristales se despegaron del artefacto y salieron volando mientras
la pandilla desaparecía entre las luces del artefacto. Solo los dos soldados
seguían allí, el enemigo de cristal atacó a Labid pero fue detenido por el
guerrero serpiente. El guerrero gato tomo a Labid y lo llevo consigo hasta el
departamento donde el señor gato estaba como único guardia.
-Debes cuidar el artefacto con tu
vida deberás irte ahora para recuperar lo que has perdido.
Mientras decía todo eso el
guerrero gato toco una configuración en el centro del talismán y una puerta apareció en la pared.
-Ve con él y cuídalo -le dijo
finalmente el salvador al señor gato.
La pared de la cocina fue atravesada por el guerrero de cristal quien quería el artefacto de regreso a su
poder, el guerrero gato lo detuvo y mientras Labid era empujado hacia la puerta
por el señor gato pudo observar como aquel valiente guerrero era vencido. El
portal se cerró y Labid se encontró cayendo al vacio.