Los niños nunca comían en casa
debido a que solo habían latas o fruta que debía ser de por lo menos tres días
antes, por lo regular iban de puerta en puerta o de puesto en puesto pidiendo
algo que consumir gratis, lo que les daban lo iban a dejar inmediatamente a la
casa y luego salían para ver si conseguían otros alimentos, al final terminaban
con una cena considerable. El poco dinero que conseguían lo ahorraban para las
comidas que no lograran conseguir pidiéndola, lo guardaban en uno de los
colchones de los niños, el que era más difícil de alcanzar y de mover.
Normalmente tenían una buena suma de dinero y Elena no permitía que se gastara
en cosas de poca importancia, como no fueran medicinas o comida, tanto Pedro
como Jesús la secundaban y por lo tanto los demás niños obedecían.
Un día mientras Carlos cuidaba la
comida un gato color negro aprovecho su descuido y comenzó a comer pedazos de
carne que separo. Cuando Jesús y Elena llegaron al departamento encontraron al
gato en un rincón, y rápidamente el niño lo atacó. El gato quedo herido de una
pata al tiempo que entraban Labid y Pedro entraba en el departamento. Compadecido
por el pobre gato Labid se interpuso entre éste y Jesús, quien solo pudo
voltear a ver a Elena. Todo termino finalmente en que el gato quedara con vida
y al cuidado de Labid, al tiempo que Jesús, al haber sido tan paciente y
condescendiente se quedaba con la mayor parte de la comida, misma que termino
repartiendo cuando se lleno. Fue así que, el gato herido de una pata se
quedaría en la casa en lo que se recuperaba. Carlitos y Abraham recriminaron el
gasto que representaba pues lo alimentaban coa tun y carne ya que el gato no
comía otra cosa, Elene termino decidiendo que el gato fuera responsabilidad
total de su hermano y por lo tanto la comida de este pasaría a ser menos, esto
tranquilizo los ánimos, sin embargo consciente de que no podía dejar sin comer
bien a su hermano, Elena nunca le dio menos comida a este, el único que se fijo
en el hecho fue Jesús, quien solamente pudo reprobar el comportamiento de la
líder.
Los gastos del cuidado del gato
fueron solamente hasta que su pata quedo lista, para ese tiempo se había
encariñado con Labid y Elena mientras que miraba con recelo a Jesús, quien,
intentando enmendar su error le dio una veces de comer. Pronto el gato salió a
conseguir su alimento y no dependió más de la familia, aún así regreso
constantemente a la casa en busca del cariño de Labid a quien había reconocido
como su dueño. El nombre que recibió del niño fue seño gato, nombre que, según
Eduardo resultaba poco original pero bien aplicado por los modales del gato que
eran más que impecables. Maullaba con un tono algo peculiar y noble, sus
movimientos eran estilizados y no acompañaba a cualquiera; no se juntaba
incluso con Labid si éste no se había bañado antes y solo respondía al llamado
de señor gato. Era ágil pero considerado y nunca se acostaba en ningún colchón
o taburete sino en algún árbol cercano. Se aseaba mas de seis veces al día
pocas veces se estiraba enfrente de algún humano. De hecho el mismo gato
encontró en Eduardo una compañía perfecta ya que los dos eran igual de
perezosos y a los dos les gustaba dormirse en las ramas mas gruesas de los
arboles.
El propio gato fingía ser un
humano al hablar en interminables conversaciones filosóficas con Jesús, si bien
el que parecía hablar más era el niño, de alguna manera éste se sentía
entendido por el gato que maullaba de una manera u otra cundo el chico
terminaba de decir una oración.
En más de una ocasión Elena se
encontró siendo acompañada por aquel gato en los lugares más obscuros y
peligrosos de la ciudad. Por su parte Pedro encontraba al gato algo molesto
porque l veía continuamente, aun si no se sentía amenazado era como si el gato
estuviera embobado viendo las cosas que hacía. En fin que cada quien tenía su
sentir para el animal que era la mascota de Labid. Domador de gatos le llamaron
desde que vieron que los cuidados que le proporciono al pequeño felino.
Acostumbrados a ver al gato y
saber cómo se comportaba todos se extrañaron cuando una noche no paro de
maullar. Mientras la mayoría se quejaba entre sueños, el mismo animal fue a la
cama de Labid, mordió su dedo índice y lo intento jalar. Ante la insistencia
del animal el niño despertó y siguió al gato. Ambos llegaron hasta la cocina y
a través del hoyo de la pared Labid pudo ver una luz cegadora en el cielo.
Aquel resplandor se dirigió rápidamente a la tierra, precipitando su caída
hacia el centro de los edificios deshabitados. Curiosos ante aquel suceso,
Labid intento ir hacia el lugar donde había aterrizado aquella luminosidad, fue
detenido por el gato en el umbral de la puerta, pero el niño lo hizo a un lado
para seguir su camino.
El resto del complejo de
viviendas era una selva recuperada por las plantas luego de ser abandonados
todos los edificios, la mayoría estaban hundidos o sin paredes y todos sin
excepción tenían por lo menos un grado de degradación alto en sus cimientos.
Los niños nunca iban al centro del complejo porque era obscuro y, además de no
poderse ver bien en la noche, todos habían tenido una mala experiencia con
personas adultas indigentes o drogadictas. Durante toda la expedición, el
minino intento detener al niño jalándolo de sus pantalones viejos sin éxito.
Labid llego entonces a una parte, un parque especial donde había mucha maleza y
en cuyo centro se encontraba un hoyo profundo. El niño salto a aquel hoyo para
inspeccionar bien que había causado la formación de aquella depresión
encontrando adentro de la misma un artefacto extraño. El instrumento tenía una forma
octagonal, adentro de la que estaba un círculo sin color alguno, cada una de
las puntas tenía un cristal de un color distinto y al parecer cambiaban de
color cada determinado tiempo. Labid guardo el objeto en el bolsillo de su
pantalón y salió del agujero dejado mientras que el gato lo veía fijamente.
Una vez en el departamento el
niño no dejo el artefacto en la mesa donde se dejaban las cosas que se habían
encontrado para que todos decidieran que hacer con ellas, en vez de eso decidió
guardarlo bien en su colchón sin que nadie lo supiera, así se durmió sin que
nadie supiera siquiera que había salido, solo el felino mascota del niño sabía
lo que había pasado aquella noche y en ningún momento retiro la vista del lugar
en donde el objeto estaba guardado.
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